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De pepinos, hortalizas y otras legumbres germanas, por Juan Salazar
Entre pepino y pepino almorzamos con berenjenas mientras pensamos, no sin cierto tino, que mejor quedarnos como estamos, antes que dar nuestro castizo brazo español a torcer, viendo lo que se cuece en Alemania y por doquier, ya que siendo ellos los causantes de tamaña tropelía, se van a salir de rositas mientras nuestros agricultores, para variar, se van a tener que joder y, con ellos, los demás que vivimos en este lado tan cercano del sur de África, sí; junto al reino Alauí marroquí, los españolitos de esta gran “Europa Nostra”.
Se puede decir más alto pero no más claro y es que escupe un bulo y échate a dormir. Ya vemos como se las gastan nuestros vecinos alemanes, que siendo ellos los causantes en origen del detestable bacilo, somos nosotros quienes vamos a pagar los platos rotos de la difamación, del ultraje y del empujón, eso sí con tufillo nazi, de la madre patria germana.

Y, es que, alemanes decentes haberlos, debe haberlos, pero hay que escarbar para encontrarlos. No todas son Merkel ni todos Sarkozy, pero con dirigentes de nuestra guisa aún puede ser peor. Si el pepino nacional es bueno que salga Rajoy, Esperanza y Gallardón con la hortaliza en ristre y dénnos un baño de multitudes con sabor a tubérculo redentor, que para manipular ya están los germanos, que alardean de ser nuestros socios y hermanos, aunque en Hamburgo, de esto, se hayan olvidado por una cuestión patria; sí, patria pero la de ellos, porque por el forro de sus inmensos caprichos se han pasado los protocolos necesarios, culpando sin pruebas y con saña a quién no deben: a España, cuando es cierto y sabido que el mal viene de allí y no de aquí.

Para colmo de la ignominia, la ministra homónima alemana ni se retracta ni recula y además se jacta de su quehacer en esta crisis: mandan huevos, de nuevo, como decía Trillo por no decirte Rodrigo….sí, mandan y de los de granja que son más gordos. Y, es que, para tropelías ya tenemos a nuestros infames políticos. Déjense de gaitas señores diputados de esta “Europa Nostra” y azuzen el ingenio, antes de proferir calumnias, difundir mentiras y extender la difamación contra gente humilde y honrada, que tan sólo realiza su trabajo para darnos estos ricos bienes y viandas.

Si nos descuidamos, leeremos en breve que nuestros agricultores han sido los causantes de la mutación de la hortaliza, que (a la postre) es lo único que ya nos falta por leer en algún medio pangermánico, paneuropeísta, anglosajón o del Archipiélago de Comores. Sin embargo, es en el corazón europeo justo donde van cayendo las víctimas; sí, en Alemania y Reino Unido, aunque la culpa sea, al parecer, del personaje de San Sebastián, que casualmente estuvo en Hamburgo, hinchándose a pepinos. Hay que ver que manida es la acusación con desatino cuando no se tienen razones que esgrimir.

Si ésta es la Europa Unida, la que se supone que debe defender nuestros intereses, la tetilla de la vaca o el chocolate del loro, que tanto pregonan nuestros políticos con ahínco, vamos dados. Yo, personalmente para esto no quiero esta Europa, aunque confieso que nunca he creído en esta mal concebida unidad continental europea.
De hecho, me sonrojo con vergüenza ajena cuando pienso en tanta cumbre, tanto consejo, tanta comisión, tanta legislación y tantos acomodados, para, al final, salir los de siempre escaldados.

No es de extrañar que movimientos como democraciarealya o el 15-M campen por las plazas españolas pidiendo justicia, cansados y hartos de estos pseugoregímenes que se llaman democráticos, en los que únicamente manda el capital y los intereses de los más poderosos, a los que, dicho sea de paso, les trae al pairo estas cuestiones sociales y sólo se preocupan de llenar sus arcas, practicando el “pillaje elegante” o el “ultraje institucional consentido y oficial, que se olvida de lo más elemental: de aquellos a quiénes deberían guardar un respeto omnímodo porque a ellos son a los que le deben la paz social, su propia supervivencia y su postrero bienestar: los sectores más desfavorecidos, que son, como digo, los que dan de comer a estos infames y villanos.

Salve la providencia a los benditos y ahora vilipendiados agricultores españoles que si de verdad algo saben es trabajar y hacerlo de sol a sol. Vergüenza debería darles a esos crápulas desvergonzados de Estrasburgo. Y, claro, así nos va y así nos ha ido históricamente desde los Habsburgo. Para echarse a llorar, para variar.
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