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La niña de Rajoy por Óscar Chacón
En estos tiempos de elecciones, estamos un poco hasta el pirri de tanto slogan, a las puertas de las votaciones. Que si la niña de Rajoy por aquí, que si el “buenas noches, buena suerte” por allí. Que si para unos gana uno y para otros gana otro y, para todos, nada cambia. Todo un dechado de intenciones que siempre queda en eso, cosas por hacer y promesas por cumplir que en el camino se han quedado. Si es que cuatro años, dice, no dan para más, aunque el discurso no cambie un ápice.
Desde el famoso “váyase ya Sr. González” han pasado muchas cosas en el “candelabro” de la política nacional y, todas, casi a la vez; pero a pesar de todo, mi sensación, posiblemente de párvulo, es que nada ha cambiado, tan solo los nombres, por que los que estaban siguen en la sombra, a uno y otro lado de la valla electoral. Los mismos perros con distintos collares, que diría aquél. Y claro, ante lo mismo, pues las mismas respuestas de siempre.

Y, es que, la gente se cansa, se harta, se hastía porque ni con unos ni con otros se basta uno, para dar por cumplidos sus sueños más elementales, porque todo, absolutamente todo, sigue igual, inalterable, inmóvil. Por esto, bien valdría que de una vez corriera el aire por las instancias políticas estatales para que los grandes partidos nacionales fuesen capaces de hacer introspección y dejaran, de una vez por todas, pasar a la gente joven, la mejor preparada de la historia de este país; pero, no, siguen apoltronados en su sillón.

Es indudable que sin aire, las cosas huelen a rancio, se malogran, se marchitan, se pudren y se convierten en viejas, tanto que aburren. También lo es que sin renovación no hay cambio posible, ni por un lado, ni por otro. Y no parece que ninguno de ellos vaya a renovar absolutamente nada, lo que promete un panorama desolador, cuatro tristes años más, en los que los más desfavorecidos volverán a suplicar llegar a fin de mes.

Y, es que, los conocemos a todos, sus formas, sus estilos, sus palabras, sus promesas, sus cosas por hacer y, lo cierto es que, los dos debates televisivos han servido para ratificar quiénes son y cómo actúan, lo que no deja de ser descorazonador, francamente descorazonador. Ante tal visión, queda poco espacio a la esperanza, a la ilusión y, creo no equivocarme si digo que, el conformismo o la apatía es algo que se transmite, se hereda, se contagia y se instala como un virus, difícil de erradicar.

El espectáculo es tal (y que conste que la crítica no es partidista) que se utiliza a una niña que crece en el mejor de los mundos posibles para definir una política nacional. Y, es que, estará muy bien como estrategia pero no deja de darme mucha pena que un gran político recurra a estas tretas o a tan manipulador planteamiento para conseguir un puñado de votos, sin más miramiento. Y, es que, convendrán conmigo que, al fin y al cabo, la niña, la maltratada, la desempleada, la estudiante o el becado, la mediano-empresaria, la madre que trabaja y no concilia, la inmigrante, la cocinera de hotel, el agricultor o la tendera del mercado, no quieren otra cosa que no sea lo mismo que se desea para la “niña de Rajoy”.

¿Por qué utilizan a una niña con fines electoralistas?. Señores, que lo hagan en Estados Unidos no significa que debamos hacerlo nosotros; al fin y al cabo, ellos están “a años vista” en materia de debate electoral y, no olvidemos, que aquí, llevamos (nada menos que) quince años sin una triste confrontación. Por eso les digo, señores que nos representan, que sean más originales, por favor y, de una vez por todas.
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